El sentido del tacto

Los sentidos del cuerpo: el tacto

Los cinco sentidos del cuerpo humano están siempre conectados, y el tacto es quizá el sentido del que más nos damos cuenta en nuestro día a día, pues solo con la acción de usar alguno de nuestros otros perceptores ya estaríamos usando el tacto.

El tacto es lo que nos permite sentir, tocar, acariciar los objetos a nuestro alrededor o que estén a nuestro alcance. Todo esto es gracias a lo que vemos todos los días frente al espejo: nosotros mismos. Y es que la piel que cubre nuestro cuerpo es lo que nos permite sentir a través de diferentes tipos de sensaciones que iremos viendo más adelante.

Incluso sin la necesidad de tocar los objetos podemos tener una buena muestra del sentido del tacto, porque si hace frío o calor nuestra piel percibe ese cambio de temperatura. Una de las primeras sensaciones que tiene un recién nacido es el tacto, y antes de abrir los ojos o de poder respirar bien ya está sintiendo las manos de sus padres. Es por esa sensación por lo que es común que los bebés recién nacidos agarren los dedos de las personas que acarician sus manos.

Protección

El tacto también está ligado a un proceso de memorización del cerebro, que nos hará recordar sobre experiencias pasadas y si son buenas para nosotros. Es de hecho muy fácil de entender, por ejemplo, si nos pinchamos con una aguja eso nos causará dolor, por lo que ahora sabemos que hay que tener cuidado con las agujas para no lastimarnos. De la misma manera esto funciona con el sentido del gusto.

Muchas veces probamos la comida y, aunque nos sabe bien, su forma o textura no termina de convencernos, por lo que la desechamos. Sería algo como comer un batido de hamburguesa o un refresco de sopa. Si comiendo pescado mordemos una espina por accidente, el sentido del tacto en nuestra boca dirá que hay que sacar la espina de allí, antes de que pueda ser peor.

La piel

A diferencia de los demás sentidos (gusto, oído, olfato y vista), el tacto no tiene un órgano general para analizar su funcionamiento (como el gusto tiene la lengua, la vista los ojos, el olfato la nariz y el oído las orejas), sino que usa la piel, que recubre todo el cuerpo de los animales y los humanos. Esto a su vez está conectado con el sistema nervioso, que es un sistema sensorial similar a unos espaguetis que recorren el interior de nuestro cuerpo y que son capaces de decirle al cerebro el tipo de sensación que se está experimentando.

Diferentes tipos de sensaciones

Hay al menos tres tipos de sensaciones que debemos tener en consideración al momento de hablar del tacto, y son las sensaciones placenteras, dolorosas e indiferentes. Las placenteras son las que –como la palabra misma indica– producen placer, como las cosquillas, las caricias y la suave brisa, o incluso un baño con agua caliente cuando hace frío. Es toda aquella sensación que nos gusta y que nos hace sentir bien.

Las sensaciones dolorosas son las que no nos gustan: los cortes, los golpes o el clima extremo pueden llegar a ser incómodos para nuestro cuerpo, y este tiene algunos sistemas para defenderse de ello, como los pequeños cabellos que salen de nuestra piel para protegernos del frío o el sudor, o para mantenernos frescos durante el calor.

Las sensaciones indiferentes son aquellas a las que no les prestamos atención con regularidad. El cuerpo siempre está sintiendo cosas, pero si no nos producen placer o dolor, el cerebro simplemente tiende a ignorarlas.