El sistema circulatorio

Distribución y partes

El cuerpo humano es como una máquina que funciona gracias a pequeñas piezas y todo tiene su función. Pero al igual que un coche, un reloj, un barco o cualquier otra máquina, posee un sistema que le transmite elementos a sus demás partes. Es aquí cuando entra en funcionamiento el sistema circulatorio.

Este es el sistema por el cual los seres vivos logran transportar diversos elementos nutritivos, como el oxígeno, el dióxido de carbono, las hormonas y demás, a diversas zonas del cuerpo. Todo esto está formado gracias a una cosita muy conocida llamada sangre. El motor del sistema circulatorio es el corazón (que se sitúa dentro del tórax), que con frecuencia bombea sangre y la mantiene circulando por todo el cuerpo a través de dos movimientos, el de sístole (contracción) y el de diástole (relajación). ¿Sabías que los movimientos que haces con tus dedos son gracias a esto? El corazón trabaja las 24 horas del día para mantenerte activo.

Además del corazón, el cuerpo necesita de otros dos elementos importantísimos para funcionar, que son las arterias y las venas. Las arterias surgen de los denominados ventrículos y transportan la sangre desde el corazón hasta el resto del cuerpo (lo vemos representado siempre como “los cables rojos” del cuerpo). Las venas, por su parte, nacen en las llamadas aurículas y retornan la sangre desde el cuerpo hasta el corazón (las vemos representadas siempre como “los cables azules” del cuerpo).

La sangre y el corazón

Si los coches necesitan gasolina para moverse, el cuerpo humano necesita sangre para existir. Cuando alguien se corta empieza a liberar sangre porque esta recorre todo el cuerpo a cada instante, y es lo mismo que cortar una manguera por la que circula agua, que comenzaría a expulsarla a chorros y ya no funcionaría. Si los humanos pierden bastante sangre no pueden continuar viviendo, al igual que la manguera. La sangre está conformada por muchos elementos, como los glóbulos rojos (que transportan el oxígeno del aire), los glóbulos blancos (que protegen al cuerpo de elementos dañinos y enfermedades) y las plaquetas (encargadas de cosas como el crecimiento y la recuperación de las heridas).

El corazón mide lo mismo que tu puño cerrado, y pesa poco más de un cuarto de kilo. Puedes considerar que es algo pequeño, pero es muy poderoso, ya que sin él no podríamos movernos libremente ni ir a ningún lado, porque sencillamente no podríamos vivir. Este late de 60 a 80 veces por minuto, y cuando estornudamos se para durante menos de un segundo haciendo que el cuerpo entre en un estado momentáneo de alerta. ¡Pero son situaciones normales de las que no hay que preocuparse!

Tipos de circulación

Hay dos tipos de circulación en los seres vivos. La que hemos visto hasta ahora es la circulación cerrada, que por lo general tiene lugar completamente dentro del individuo y es propia de muchos animales mamíferos y vertebrados en general (como nosotros, los humanos).

Pero existe también el llamado sistema circulatorio abierto, que es un poco más difícil de comprender, pues se trata de la forma de transporte de nutrientes de los invertebrados (como insectos, moluscos y algunos caracoles y almejas), que está abierta y conforma gran parte del cuerpo del individuo, realizando procesos distintos pero siempre garantizando el correcto funcionamiento de su cuerpo.

Datos curiosos

El corazón durante la vida de una persona normal llega a latir alrededor de tres mil millones de veces (es decir 3.000.000.000 de veces). Durante cada segundo que pasa, 2.000.000 de células de la sangre mueren, pero al mismo tiempo nace el mismo número de células. ¿Recuerdas los glóbulos rojos y blancos? Pues en tan solo una gota de sangre pueden haber 5.000.000 de glóbulos rojos, 10.000 glóbulos blancos y 300.000 plaquetas.

¿Sabes cuánto tarda un glóbulo rojo en recorrer todo el cuerpo humano? ¡Solo un minuto! Es decir, que la sangre se transporta a una velocidad súper rápida. Los glóbulos rojos además tienen su propio ciclo de vida, en el que nacen desde la médula ósea, recorren el cuerpo entero unas 250.000 veces y luego vuelven a su origen para morir. Los glóbulos rojos además tienen la importante tarea de alimentar a las 60.000.000.000 de células que componen nuestro cuerpo, por lo que les debemos agradecer mucho, o más bien agradecernos, porque todo eso… ¡está dentro de nuestro propio cuerpo!